Aunque
ya nadie duda del interés y valor de una buena cultura del deporte en aras de
una educación integral, conviene recordar que el juego, el deporte y la actividad física en cualquiera de sus modalidades es
uno de los medios más eficaces para educar. El homo ludens (Johan Huizinga, 1972) que todos llevamos dentro necesita de ese espacio de
esparcimiento, ese momento de liberación que el juego permite y que se reconoce
como un lugar privilegiado para una educación humanizadora. El deporte puede
ayudar al crecimiento y al bienestar físico y psíquico.
Es evidente que el deporte y la actividad física no
es la panacea en la educación; pero no menos cierto es que su beneficio no es
sólo físico, no sólo nos ayuda a estar en forma físicamente, sino que también
nos ayuda a estar en forma mental y socialmente.





